
Bueno pues ya estamos otra vez en septiembre y toca volver a la rutina… ¿o no?
El despertador vuelve a sonar a las 6:45 y ya tienes hecha la lista de cosas a retomar.
Vuelves al gimnasio, empiezas la dieta porque te pasaste con la comida en verano (sobre todo con las sangrías y las cervezas), ya tienes un Excel listo para apuntar tus gastos (porque sin darte cuenta, durante las vacaciones has gastado mucho más de lo que pensabas), vuelves a recuperar el hábito de leer que dejaste atrás estos meses, te has hecho un horario para ver cuándo puedes ponerte con ese proyecto que tienes entre manos desde hace meses, te pones a ordenar la casa entera, y de paso, te has propuesto dejar el móvil fuera de la habitación porque por fin vas a preocuparte por tu sueño.
Todo a la vez desde el día uno.
Y funciona… unos siete u ocho días, que es lo que tardas en quemarte porque has querido abarcar demasiado (y de golpe).
Ese es el momento en que piensas, como todos los años, que nunca vas a poder ser mejor, que nunca podrás conseguirlo.
Y como todos los años te equivocas, porque ciertamente no se puede decir que fallases ni que seas un fracasado. El problema es que has intentado arrancar directamente en quinta.
Por qué volvemos acelerados
Septiembre es un mes muy particular.
Por un lado, sientes culpa: has parado unas semanas y en algún rincón de la cabeza tienes la idea de que ese tiempo hay que compensarlo.
Por otro lado, septiembre se ha convertido en una especie de segundo enero: es la misma sensación de nuevos comienzos, mismas listas de propósitos, misma euforia colectiva de empezar o retomar cosas. Todo el mundo a tu alrededor vuelve anunciando sus planes, y cuesta no subirse al carro.
Y por último, la sensación de escasez: quedan cuatro meses de año y de repente parece poquísimo, así que hay que correr.
El resultado es que la mayoría de la gente vuelve intentando estar al 100% desde el primer día. Y ese es justo el error, porque nadie está al 100% el primer.
El problema de querer arrancar en quinta
Cuando intentas arrancar el coche directamente desde la quinta marcha, no eres capaz de moverlo: se cala.
Con la vuelta de vacaciones pasa exactamente lo mismo, solo que el motor tarda unas semanas en calarse y por eso no la relacionamos con la causa.
Cuando retomas ocho cosas de golpe, cada una recibe una fracción de tu energía y ninguna llega a asentarse del todo. Ninguna se convierte en costumbre, porque para eso hacen falta semanas de repetición y constancia, no basta con el entusiasmo y la motivación que sientes al principio.
Y como ninguna se asienta, todas dependen de que sigas empujando con fuerza de voluntad (que es un recurso que se agota).
Así que cuando la energía del arranque baja (y baja siempre, alrededor de la segunda o tercera semana), no se cae una cosa: se caen todas a la vez.
Y ahí llega la parte peor, que no es haber abandonado, sino la conclusión que se saca de haber abandonado: "no soy capaz de conseguir nada".
Pero sí eres capaz, querido lector, lo que pasa es que no puedes aspirar a sostener ocho cosas nuevas simultáneamente. Porque esa es la clave: sí puedes hacerlo, pero poco a poco.
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La solución es volver en primera
Primera, segunda, tercera… sin saltarte marchas, escalonando la vuelta.
Eso significa aceptar algo que cuesta mucho: que los primeros días de septiembre no son para producir como un bestia, sino para aterrizar de vuelta a tu rutina.
Suena a poca cosa, pero piensa en lo que ocurre esa primera semana: tu cuerpo vuelve a horarios distintos, tu cabeza recupera un ritmo de trabajo que llevaba semanas apagado (de hecho, es bastante probable que hayas olvidado hasta tu contraseña del ordenador del trabajo… a mí me pasa) y solo con eso ya tienes bastante.
Pretender además adoptar cinco hábitos nuevos encima de ese caos es pedirle al motor que vaya a 120 mientras todavía está frío.
El protocolo de las tres semanas
Te dejo una forma concreta de hacerlo. No es la única, pero funciona.
Semana 1: aterriza.
Cero objetivos nuevos. La única misión es recuperar la estructura básica que ya tenías: horarios de sueño, horarios de comida, la rutina de trabajo… nada más. Si esta semana solo consigues acostarte y levantarte a la misma hora todos los días, la semana ha sido un éxito.
Semana 2: recupera una sola cosa.
Elige el hábito más importante que dejaste y retómalo solo. El que más impacto tenga en todo lo demás (para la mayoría de la gente suele ser el ejercicio o el sueño). No busques que todo te vuelva a salir igual de bien que antes del parón, porque la meta de esta semana es reengancharte.
Semana 3: añade la segunda.
Cuando el primer hábito haya vuelto a ser adoptado con éxito, ya puedes incorporar el siguiente. Y así sucesivamente, de uno en uno.
A ese ritmo, para finales de octubre tienes cuatro o cinco hábitos restituidos (o nuevos) y funcionando de verdad, frente a la alternativa de tener ocho el 7 de septiembre y ninguno el 20.
Ten en cuenta que volver en primera exige tolerar la sensación (porque es una sensación, no la realidad) de ir por detrás mientras todo el mundo a tu alrededor anuncia sus grandes propósitos de septiembre. Exige confiar en que ese arranque paso a paso va a llegar más lejos que un arranque forzándote a hacer todo de golpe.
Y llega más lejos, siempre. De esto no serás testigo en septiembre, ni en octubre, pero sí en noviembre, cuando veas que los que arrancaron en quinta lleven mes y medio parados y tú sigas rodando.
Porque tu compañero Paco, que no ha corrido en su vida, anunciará a los cuatro vientos que se ha apuntado a un club runner “super chulo” (de esos que dan vergüenza ajena porque corren en “manada”, con banderitas y hasta uno de los monitores va en bici con una mochila-altavoz poniendo música). Incluso se ha comprado unas zapatillas Hoka de 150€.
Pero lo que va a pasar, es que Paco se hará todas las fotos y videos del mundo y lo subirá a su Instagram. Y tú pensarás que Paco se va a comer el mundo, porque también ha dejado de comprar chocolatinas en la máquina expendedora del trabajo y ahora se lleva un tupper con arándanos y nueces. Pero ya te digo yo, que al mes siguiente, Paco deja de ir a correr y vuelve a comprarse su Kinder Bueno diario, porque se habrá quemado.
Querido lector, no seas como Paco y haz las cosas de una en una.
Si el verano hizo su trabajo, habrás vuelto con el depósito lleno. Sería una pena quemarlo en dos semanas de euforia descontrolada.
Así que este septiembre, mete primera. Ya habrá tiempo de subir de marcha.
Nos volvemos a leer el próximo miércoles.
Un abrazo,
Carlos
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