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Llevas meses dándole vueltas a algo:

Montar ese proyecto, cambiar de trabajo, volver al gimnasio en serio, apuntarte a eso que te apetece desde hace años... Da igual lo que sea: el caso es que lo tienes en la cabeza y sabes que lo quieres, pero no arrancas.

Y si tienes un arranque de sinceridad contigo mismo, te darás cuenta de que el motivo casi siempre es el mismo: tienes miedo de que te salga mal.

Vamos a centrarnos en qué significa "que salga mal", porque detrás de eso hay una trampa en la que no suele caer nadie.

La película que te montas

Cuando te imaginas fracasando, te imaginas cayendo.

Te ves desde un punto de partida abajo del todo y cuando miras arriba ves ese objetivo que te gustaría lograr. Te imaginas intentándolo, quedándote corto, fallando y estampándote contra el suelo.

También ves el tiempo que has perdido, el dinero gastado, la vergüenza que sientes porque te han visto fallar y al final acabas pensando que no vales para esto.

Esa imagen es uno de los mayores frenos que puedes tener al intentar cualquier cosa, porque te estanca y además es completamente falsa, porque las cosas no funcionan así casi nunca.

Lo que ganas cuando fallas

Todos conocemos a alguien que decidió ponerse en forma, se apuntó al gimnasio y acabó dejándolo a las tres semanas. Piensa en esa persona.

Según la película mental, esa persona está exactamente igual que antes: fracaso total y vuelta a la casilla de salida. Y ciertamente ha fallado, pero no ha sido catastrófico.

Digo que no ha sido un fallo catastrófico porque aunque no ha cumplido su objetivo, está un poco más arriba de cuando empezó: sabe cómo funciona su gimnasio y a qué horas está imposible. Sabe usar casi todas las máquinas, sabe que ir a las siete de la mañana en su caso es inviable, pero que por la tarde sí puede. Sabe que plantearse cinco días de entreno a la semana es una fantasía, pero tres días sí son viables. Y sabe lo que se siente al entrar por primera vez, que era justo lo que más le daba pereza (y miedo) del asunto.

Nada de eso se ha borrado y cuando esa persona lo vuelva a intentar, no empieza de cero: empieza desde ahí.

Con cualquier otra cosa pasa igual.

  • Quien montó un proyecto que no funcionó sale de ahí sabiendo qué no funciona, habiendo conocido gente, habiendo aprendido cuatro herramientas y, sobre todo, habiendo perdido el miedo al primer paso, que es el que más paraliza.

  • Quien tuvo una conversación difícil con su jefe o sus clientes que acabó saliendo fatal, ya sabe cómo no plantearla la próxima vez.

Fracasar no te devuelve al principio, te deja más arriba de donde estabas, aunque parezca que solo has perdido el tiempo.

Yo por ejemplo, si fracaso con Academia Quintus y algún día tengo que “cerrarla”, habré fallado, sí. Pero no del todo.

Porque he aprendido a montar webs, a poner a punto la plataforma desde donde mando los mails, a promocionar mi newsletter, a crear programas de recompensas para usuarios que me recomienden, he encontrado mi voz al escribir (aunque esto todavía está en evolución), he aprendido lo que funciona y lo que no funciona, he perdido el miedo a mostrar mi cara… y muchísimas cosas más.

Por tanto, si Academia Quintus no funcionase, sabría cómo crear otro proyecto en otro nicho en menos de una semana (cosa que con Academia Quintus he tardado meses), porque ya sé qué pasos tengo que dar, qué dirección tomar y cómo ejecutar las tareas necesarias para poner en marcha otro proyecto similar.

No partiría de cero, partiría con muchísima ventaja.

It's Here: Pique's New Caffeine-Free Afternoon Energy

I quit my afternoon coffee. Not because I wanted to — because I found something better.

You know that wall you hit every day around 2–3 PM? I used to just accept it as the cost of doing anything. Another coffee, a quick spike, then the crash — and somehow I'd still feel dehydrated by dinner.

Then I tried X·E Fountain, Pique's brand-new electrolyte energy drink, and I genuinely wasn't ready for how good "no crash" could feel.

No caffeine jitters. No 4 PM slump. Just clean, steady energy that actually hydrates me instead of draining me. It's built with a premium Vitamin B Complex for natural cellular energy, Magnesium Malate + Taurate for real focus, and a full electrolyte blend that makes it feel like a treat, not a chore.

The cucumber-celery-lime flavor is so crisp and refreshing — it's basically stolen my afternoon coffee slot completely.

El camino al éxito

Si tuvieras que dibujar el camino hacia cualquier cosa que merezca la pena, lo dibujarías como una línea recta que va subiendo. Pero eso no existe.

Ni en las empresas, ni en el dinero, ni en el cuerpo, ni en el aprendizaje, ni en las relaciones, ni en el crecimiento personal, ni en absolutamente nada.

Todo sube igual: en zigzag.

Un tramo arriba, un tramo abajo, otro más arriba, otro abajo… lo importante no es que no haya bajadas, sino que cada bajada te deja por encima de donde estabas dos bajadas antes.

Cuando estás en una de esas bajadas que luego se acaban remontando, es imposible verlo. Desde tu posición solo ves que estás peor que la semana pasada, que has caído en picado y tu cabeza concluye lo de siempre, que esto no va a ninguna parte, que es mejor dejarlo

Por eso viene bien acordarse de la forma general del dibujo cuando te toca estar en el tramo malo.

La única diferencia entre los que ganan y los que no

Cuando comparas a alguien que ha conseguido algo con alguien que no, es muy fácil pensar que la diferencia está en el talento, en la suerte o en las circunstancias. A veces hay algo de eso, efectivamente.

Pero la diferencia que aparece una y otra vez es mucho más simple: el que lo consiguió aguantó más fracasos durante más tiempo.

No falló menos: falló más veces, porque lo intentó más veces. Y como cada intento le dejaba un poco más arriba, llegó un momento en que todo eso acumulado fue suficiente.

El que no lo consiguió, en muchos casos, no es que fuera peor: es que se bajó antes. O ni siquiera llegó a subirse, porque se quedó calculando lo lejos que estaba la meta.

Lo que esto significa si tienes poco tiempo

Sé que si tienes trabajo, hijos y la agenda llena, esto suena bonito pero “caro”. Intentar cosas cuesta tiempo, y tiempo es justo lo que no te sobra.

Por eso me parece importante darle la vuelta al cálculo.

Si cada intento fallido te devolviera al punto de partida, entonces sí: intentar cosas sería carísimo y lo razonable sería esperar a estar muy seguro. Pero como no es así, el precio real de intentar algo es mucho más bajo de lo que tu cabeza te está diciendo.

Además hay otra cara que casi nunca se calcula: esperar también cuesta. Los meses que llevas dándole vueltas a eso sin arrancar no te han dejado más arriba. Te han dejado exactamente donde estabas, solo que con menos tiempo por delante.

Un intento que sale mal te deja con información, experiencia y el miedo inicial ya superado. Un intento que nunca ocurre no te deja nada.

Nos volvemos a leer el miércoles,

Carlos

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