
Volvemos a la carga con los Micro Miércoles, que últimamente han estado desaparecidos. El de hoy ha quedado bastante grande pero creo que te va a ser muy útil.
En el correo de hoy hablaré de:
A problemas, soluciones: El cajón de mi hija.
La reflexión: Me persigue un oso.
La recomendación: Carcassonne.
El tip de salud: La silla asesina.
A problemas, soluciones

El cajón de mi hija
Mi hija ya tiene 14 meses y es un terremoto con patas. Va correteando por toda la casa, abre todo lo que se puede abrir (cajones, armarios…) y toquetea todo lo que está a su alcance. Tiene especial inclinación por desordenar los libros y tirarlos al suelo.
Buscando cómo redirigir esa curiosidad hacia algo positivo, le pregunté a Claude (la IA) y me dio una idea que me encantó: que le reservase un cajón o una estantería que sea solo para ella. Es decir, un espacio donde pueda sacarlo todo, meter otras cosas, revolverlo y desordenarlo a su gusto, sin que nadie le diga que no.
Le he reservado un cajón y una especie de cubículo/módulo de un armario y funciona de maravilla, está encantada.
Pero lo que más me impactó fue darme cuenta de lo que era en realidad ese cajón/estantería/espacio para ella: era una válvula de escape. Un sitio donde soltar toda esa energía sin que el resto de las cosas lo paguen.
Y entonces pensé: “igual que nosotros”.
Porque los adultos también acumulamos presión entre el trabajo, la casa, los hijos, las facturas, los recados... y si no tenemos un sitio por donde soltarla, acaba saliendo por donde no debe: mal humor, ansiedad, discusiones absurdas, agotamiento, tristeza, agobios, un cansancio que no se va nunca, etc.
Por eso todos necesitamos nuestra válvula de escape, nuestra vía de desahogo, nuestro propio “cajón”. Por ejemplo: quedar con los amigos los sábados, ir a ver el fútbol, salir a correr o al gimnasio, ir al cine, tocar un instrumento, salir los domingos a la montaña, leer en tu rincón especial de la casa con una vela encendida, cocinar sin prisa con música de fondo... lo que sea para cada uno.
Ahora bien, un matiz importante: una válvula de escape no es lo mismo que una huida.
Hacer scroll infinito, tomar una o dos copas de más, ponerte morado de chocolate o el atracón de series hasta las dos de la mañana parecen desahogo, pero no son formas de descongestionarte, porque te dejan igual o peor (estás creando nuevos problemas para huir de los problemas que ya tienes). Una buena válvula de escape te devuelve a tu vida con la mente despejada, reiniciada, listo para volver a salir al ruedo.
Y otra cosa: no esperes a que sobre tiempo para tenerla, porque no te va a sobrar. Igual que el cajón de mi hija tiene su sitio, tu válvula también tiene que tener su sitio fijo en tu semana.
No tengas culpa ni remordimientos, porque cuidarte también es parte de cuidar a los tuyos.
La reflexión

Me persigue un oso
Hace unos días le comenté a un compañero de trabajo que me estaba convirtiendo en una morning person. Ya sabes, de esas personas que a primera hora ya han hecho casi todo lo que tenían que hacer en su día.
Y se lo dije con cierto orgullo porque yo nunca lo he sido una persona así. Siempre he dormido mal y me levantaba como si me hubiese pasado un camión por encima.
Pero desde que soy padre no me queda otra: me levanto obscenamente temprano todos los días, sábados y domingos incluidos, y desde que pongo un pie fuera de la cama ya estoy en marcha.
Su respuesta fue demoledora:
“Tú no eres una morning person. Igual que el tío que corre porque le persigue un oso no es un runner.”
Me partí de risa con su comentario y además tiene toda la razón: yo no madrugo por decisión propia, madrugo porque tengo un oso detrás de mí persiguiéndome sin descanso.
Pero dándole vueltas, saqué dos ideas que me parecen muy útiles.
La primera: la identidad puede venir después.
Esperamos a “ser” deportistas, madrugadores o disciplinados para empezar a actuar como tales. Y es al revés.
Mucha gente que hoy sale a correr por placer, empezó con un oso detrás: un susto médico, una analítica fea, una foto en la que no se reconocía. Primero lo hicieron por obligación y con el tiempo, se convirtió en parte de quienes son.
La segunda: si el oso funciona tan bien, fabrícate uno.
El problema de la mayoría no es la falta de fuerza de voluntad, ya lo he dicho en multitud de mails. Muchas veces, simplemente es que no tienen ningún oso… Nada les obliga, así que lo que no es urgente nunca se hace.
La solución es crear esa presión tú mismo:
Queda con alguien (para entrenar, para practicar, para estudiar…): fallarte a ti es fácil pero dejar tirado a un amigo, no tanto.
Hazlo público: Cuenta tu objetivo a un par de personas seleccionadas (por ejemplo, tu pareja y tu mejor amigo) y deja que te pidan cuentas. Esto es muy muy muy poderoso, en serio.
Ponte una fecha límite real, con consecuencias si no llegas.
Paga por adelantado: Tengo un conocido que compró la versión cara de ChatGPT para aprender a programar (sin tener ni idea) para presionarse a aprender, y lo está logrando el tío.
En definitiva, no hace falta que te nazca madrugar, ni correr, ni escribir, ni tener la casa recogida. Basta con que algo te persiga lo suficiente como para que no te quede otra que moverte.
Y quién sabe: a lo mejor un día, te das la vuelta y descubres que el oso ya no está, pero tú sigues corriendo. Al menos eso es lo que espero que me pase a mí.
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La recomendación
Carcassonne
Hoy no te traigo un libro ni una película, sino un juego de mesa. Todo un clásico que si no conoces, te va a hacer preguntarte cómo has vivido sin él. Es muy fácil y sobre todo divertido.
Por turnos, cada jugador va colocando losetas que representan trozos de un paisaje medieval: ciudades amuralladas, caminos, monasterios y campos. Partida a partida, entre todos construís un mapa distinto cada vez.
Sobre esas losetas colocas a tus “meeples”, unos muñequitos de madera que reclaman ciudades, caminos, monasterios... Cuando completas esas construcciones, sumas puntos y gana quien más puntos tenga al final.
Las reglas se explican en cinco minutos y una partida dura unos 35-45 minutos. Y admite de 2 a 5 jugadores.

Lo recomiendo porque es el equilibrio perfecto entre sencillo y profundo. Un niño de 8 años puede jugar perfectamente desde la primera partida, pero tiene suficiente estrategia como para que un adulto se pique y quiera la revancha. ¿Cierro mi ciudad ahora o intento hacerla más grande? ¿Me meto en la ciudad de mi rival para robarle los puntos? Cada turno es una pequeña decisión.
No en vano ganó, en 2001 ganó el premio más prestigioso del mundo de los juegos de mesa y veinticinco años después sigue siendo uno de los grandes clásicos modernos.
Además, el juego en sí mismo es una válvula de escape de las buenas. Una hora o dos sin pantallas, sentado alrededor de una mesa con tu pareja, tus hijos o tus amigos, conversando, de risas y con algún que otro pique sano.
Perfecto para las tardes de otoño que ya tenemos encima.
El tip de salud

La silla asesina
Pasamos ocho, nueve o diez horas sentados trabajando y cuando llegamos a casa… nos sentamos en el sofá.
Nuestro cuerpo no está hecho para eso y acaba pasando factura en una zona muy concreta: lumbares, psoas y flexores de cadera.
Es así porque al estar sentado, la cadera pasa horas flexionada. Los flexores (con el psoas a la cabeza) se acostumbran a trabajar acortados y el glúteo, que apenas se usa, se debilita. Cuando te levantas, ese desequilibrio tira de la pelvis y lo acaba pagando la zona lumbar. De ahí la rigidez al levantarte de la silla o de la cama y esa molestia sorda en la espalda baja al final del día.
Cómo atacarlo:
1. Muévete un poco cada hora: pon una alarma y cada 45-60 minutos levántate un par de minutos: ve a por agua, a por un café, al baño, camina por la oficina. Si hablas por teléfono, hazlo de pie.
2. Estira los flexores de cadera: en YouTube hay vídeos a patadas. Busca algo así como “hip flexors exercises” (en inglés mejor, que hay más cantidad y no necesitas hablarlo para imitar a la persona del video).
3. Fortalece el glúteo y el core (abdominales y lumbares): estirar sin fortalecer es como poner parches. Por eso debes fortalecer la zona y puedes empezar por tres ejercicios sin material que puedes hacer en el salón en diez minutos: puente de glúteo, bird dog y dead bug (mira en YouYube cómo se hacen).
4. Cuida cómo te sientas: coloca la pantalla a la altura de los ojos, ten los pies apoyados en el suelo (aunque mejor si es en un reposapiés) y ten la espalda bien apoyada en el respaldo. Y si puedes, alterna de vez en cuando con trabajar de pie.
Un aviso: si el dolor es fuerte, persistente o baja hacia la pierna, no tires de YouTube. Ve a un traumatólogo.
Nos volvemos a leer el sábado.
Un abrazo,
Carlos.
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