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Antes de empezar, aclararte que este correo tenías que haberlo recibido el sábado, pero olvidé mandártelo. Lo tenía escrito y preparado, pero el mismo sábado pasado fue la boda de mi hermano y se me pasó completamente dejar el mail programado.

Así que ya volvemos a los dos mails semanales (la semana que viene volverá el Micro Miércoles).

Sin más, vamos con el mail de hoy, donde hablo de la problemática entre informarse en exceso y avanzar (o mejor dicho, no avanzar).

Tienes cuarenta hilos guardados en X que ibas a leer con calma, tres libros de mejora personal empezados, un par de podcasts a los que estás suscrito y que escuchas casi a diario, vídeos guardados en YouTube para "cuando tenga un rato" y esta misma newsletter (además de otras tantas).

Sabes bastante de hábitos, podrías explicarle a alguien cómo funciona el interés compuesto, o por qué es importante el sueño, o qué es el déficit calórico.

Y sin embargo, si eres sincero, tu situación real a día de hoy se parece muchísimo a la de hace un año (o más).

Esto no es un reproche y quiero que quede claro desde el principio. Es algo que nos pasa a casi todos, incluido el que escribe estas palabras. Porque sí, yo también tengo un montón de hilos guardados en X para leer y que están muertos de risa.

Pero merece la pena mirarlo tal y como es, porque ciertamente informarse se parece muchísimo a avanzar.

Cuando ves un buen video sobre productividad, sientes algo, como una especie de “ataque de claridad” que te hace pensar "esto es justo lo que necesitaba".

El problema es que es exactamente la misma sensación que produce avanzar de verdad, aunque no tiene ninguno de sus costes.

Leer sobre entrenar no te deja agujetas, ver un vídeo sobre finanzas no te obliga a renunciar a nada, guardar un hilo sobre disciplina no te hace madrugar mágicamente al día siguiente, escuchar en un podcast la importancia de la fibra en tu dieta no te lleva necesariamente a comer más fibra... y así hasta el infinito.

Consumir contenido te da el subidón del progreso, pero sin el esfuerzo del progreso ni por supuesto, los frutos del progreso.

El caso es que como no hay esfuerzo, tampoco hay riesgo, y pese a que no se avance realmente, tampoco se experimenta el fracaso que sí experimenta el que lo intenta y no lo logra.

Puedes pasarte tres años informándote sobre cómo montar un negocio y no fallar ni una sola vez, porque no has intentado nada.

Por eso engancha tanto, porque de alguna manera, ese tipo de contenido "rasca” un poco el picor que tienes de intentarlo, pero sin tener que intentarlo.

Piensa en cómo te sacaste el carnet de conducir.

Primero fue el teórico: las señales, las normas de circulación y todo eso. Y después, te tocó sentarte por primera vez al volante, arrancaste y te pusiste a circular con el corazón a mil.

Ahora imagina a alguien que decide que, antes de tocar un coche, va a dominar la teoría por completo. Se saca el teórico, y luego se estudia el reglamento entero.

Y luego lee sobre mecánica y luego sobre conducción evasiva. Y sigue ahí, año tras año, sabiendo cada vez más sobre conducir… pero sin saber conducir realmente.

Porque esa persona no sabe conducir: sabe sobre conducir, que es otra cosa completamente distinta.

Y no aprenderá nunca, por muchos manuales que se lea, porque conducir no se aprende leyendo: se aprende conduciendo.

La teoría es el marco en el que tiene lugar la acción. Y sin acción, la teoría no tiene sentido.

Con la mejora personal pasa exactamente lo mismo: hay una parte teórica y necesaria, pero es mucho más corta de lo que parece.

Afternoon energy. Minus the afternoon coffee.

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Porque para echar a andar por ti mismo solo necesitas lo básico. Y lo básico es menos de lo que crees.

Para empezar a entrenar no necesitas entender el volumen óptimo de series semanales por cada grupo muscular. Necesitas saber tres o cuatro ejercicios básicos y presentarte en el gimnasio tres días por semana.

Para empezar a ordenar tus finanzas no necesitas dominar la fiscalidad ni saber analizar estados financieros. Necesitas saber cuánto entra, cuánto sale, y que para ahorrar necesitas gastar menos de lo que ganas.

Para empezar a escribir no necesitas leer diez libros sobre escritura. Necesitas ponerte a escribir.

En casi todo, lo básico se aprende rápido. El resto es ir mejorando de forma paulatina a través de la repetición, a través de cagarla y a través de aprender a arreglar esas cagadas.

Porque el primer día de gimnasio no sabrás ni para qué sirve cada máquina. Pero si vas un mes seguido, ya serás capaz hasta de hacerte tus primeras rutinas. Y tras un año, sabrás incluso el rango de repeticiones que provocan el estímulo muscular que favorece al crecimiento. En serio te lo digo.

Y fíjate en lo que hace la mayoría: dedica una tarde a lo básico y luego seis meses más a seguir informándose, esperando encontrar el método definitivo, el enfoque perfecto, la pieza que falta. Pero esa pieza no está en el siguiente vídeo de YouTube, está en haber empezado hace seis meses.

Las cagadas son información que no se puede consumir, solo se pueden experimentar.

Y sé que parece contraintuitivo, porque lo lógico es pensar que si empiezas a hacer algo sin saberlo todo, vas a cometer errores.

Efectivamente, vas a cometerlos.

Vas a empezar a correr con mala técnica, vas a diseñar mal tu primer presupuesto semanal, vas a escribir fatal las primeras veces, tus primeros acordes de guitarra van a sonar como si un gato se hubiera pillado la cola con una puerta… en definitiva, vas a elegir el enfoque equivocado, y tendrás que rectificar.

Pero eso precisamente es lo que te hace crecer y a nadie se le pasa ni siquiera por la cabeza, porque esos errores son precisamente la parte que no puedes obtener de ningún contenido.

Y esos errores son personales, es decir, el error que pueda tener yo será diferente del que tengas tú, aunque hagamos la misma cosa.

Porque quizá tú y yo empecemos a tocar el piano al mismo tiempo, pero yo tenga que lidiar con mi falta de oído musical y tú no porque para ti sea intuitivo. Pero quizá como yo tengo las manos grandes pueda tocar teclas más alejadas con facilidad y tú tengas que aprender a moverte más rápido por el teclado para compensarlo.

Porque eso solo lo vas a descubrir cuando te pongas manos a la obra, no estudiando solfeo.

Un vídeo te puede explicar los errores típicos de la gente, pero no te va a decir cuáles vas a cometer tú. Eso solo aparece cuando te pones en marcha.

Corregir sobre la marcha es lento, torpe y frustrante. Pero es la única forma que existe de aprender y avanzar de verdad. Todo lo demás es procrastinar a través de la teoría (aunque creas que te estás formando más todavía).

Los errores solo los comete quien ya está andando.

Porque si estás equivocándote, es que has empezado, y si has empezado, ya estás infinitamente por delante de quien lleva año y medio documentándose.

No voy a decirte que dejes de leer, ni de escuchar podcasts o ver videos, ni mucho menos, porque hay que seguir formándose mientras avanzas.

El contenido es una herramienta estupenda cuando acompaña a la acción.

Así que la pregunta que te dejo hoy es esta, y te pido que te la respondas con honestidad, sin quedar bien con nadie:

De todo lo que has leído, escuchado y guardado este último año, ¿cuánto has llegado a poner en práctica de verdad?

Si la respuesta te incomoda un poco, te doy la bienvenida al club, porque nos pasa a todos en algún momento.

Y si es así, te propongo algo sencillo: escoge una sola cosa. La que más veces se te haya repetido en todo lo que consumes, esa que ya sabes perfectamente que deberías estar haciendo.

No busques más información sobre ella, no hace falta.

Empieza esta semana, hazlo mal, y corrige por el camino.

Porque nadie ha aprendido nunca a nadar leyendo sobre natación.

En algún momento hay que lanzarse a la piscina, tragar un poco de agua y aprender moviéndose.

Un abrazo,

Carlos

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