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Son las 23:47 y te llega una notificación al móvil. Estás adormilado en el sofá y te piensas que ha pasado algo malo, porque nadie te suele hablar a esa hora.

Miras el móvil y lees: “Solo mañana -40% en toda la tienda.”

Das un suspiro de alivio porque no ha pasado nada malo y entras en el enlace de la tienda, a echar un vistazo rápido.

A las 23:45 no necesitabas nada, pero a las 23:54 tienes cinco pestañas abiertas, un carrito con dos cosas y la sensación de que si no aprovechas ahora, estarás tirando dinero.

Fíjate en lo raro de esa frase: sentir que pierdes dinero por no gastarlo.

Este mes vamos a hablar de dinero, porque las finanzas personales son una parte de la mejora personal tan importante como el cuerpo, la cabeza, los hábitos o la productividad, aunque se hable mucho menos de ellas. Y quiero empezar por lo que de verdad decide qué pasa con tu dinero: lo que ocurre en tu cabeza en los cinco segundos antes de pagar.

Además, no hay mejor momento para hacerlo que ahora, a menos de tres semanas del Black Friday y con la Navidad unos pocos días después.

El subidón que obtienes no es el que buscabas

La mayoría piensa que lo que les hace disfrutar es tener la cosa que quieren comprar, pero no es exactamente así.

La dopamina, que es la sustancia que suele asociarse al placer, en realidad tiene más que ver con el deseo que con el disfrute. Se dispara con la anticipación: cuando ves el producto, cuando lo imaginas en tu casa, cuando lo añades al carrito… o imaginándote llevando puesta esa chaqueta de cuero tan chula a la que le has echado el ojo y que gracias a ella eres el centro de atención de todo el mundo en el bar

El subidón está en el “lo quiero”, no en el “lo tengo”.

Por eso esperas el paquete con ilusión, llega, lo abres... y a los diez minutos ya no sientes casi nada. La emoción se pasó entera antes incluso de que llegara.

Entender esto cambia mucho la forma de mirar las compras impulsivas, porque lo que te pide el cuerpo cuando ves una oferta no es el producto, sino otra dosis de esa sensación tan adictiva.

Tú vas sumando sensaciones efímeras y vacías mientras los cargos se van quedando en tu tarjeta (ahí sí que no son sensaciones efímeras…).

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Las trampas que te ponen (y las que te pones tú)

El Black Friday es básicamente un revuelto de todas las trampas psicológicas que existen para hacerte gastar. Conviene conocerlas para estar prevenido y saber como contrarrestarlas.

  • El precio tachado: ese “antes 120 €, ahora 79 €” te está colocando una especie de Caballo de Troya mental. Tu cerebro compara con 120 y siente que ahorra 41, cuando la comparación real es otra: 79 euros contra cero, que es lo que habrías gastado si no hubieras visto el anuncio. Además, algunas tiendas suben los precios en las semanas previas para luego “rebajarlos”.

  • La urgencia: cuentas atrás, “quedan 3 unidades”, “solo hoy”. Todo está diseñado para que decidas antes de pensar, porque si piensas, compras menos.

  • El “me lo merezco”: después de una semana dura, gastar se convierte en un premio. Y es de las justificaciones más caras que existen porque nunca falta una semana dura que la justifique.

  • El gasto emocional: muchas compras no van de lo que compras, sino de lo que sientes: estrés, aburrimiento, tristeza, ansiedad... comprar alivia un rato pero no te soluciona el problema que hay detrás.

  • Comprar a tu versión imaginaria: las mancuernas que iban a convertirte en alguien que entrena en casa, los libros que iban a convertirte en alguien que lee, la sartén de acero inoxidable que te iba a convertir en un chef, la chaqueta de cuero que te iba a convertir en ese tío lleno de confianza y desparpajo que atrae a todo el mundo. Es decir, no compras el objeto, compras la persona que imaginas usándolo… pero esa persona no viene incluida.

¿Cómo puedes defenderte?

No hace falta convertirse en un monje que no gasta nada. Lo que hace falta meter un pequeño freno entre el impulso y la compra, y el freno más eficaz es hacerse las preguntas adecuadas.

¿Es necesario hacer este gasto ahora, o puede esperar? Casi nada que de verdad necesites desaparece en 24 horas por mucho que te hagan creer que sí. Si sigues queriéndolo dentro de tres o cuatro días, es bastante probable que sí lo necesites y por tanto merezca la pena comprarlo. En cambio, si se te ha olvidado, ya tienes la respuesta.

¿Lo compraría si no estuviera rebajado? Si la respuesta es no, no quieres el producto: quieres el descuento y el subidón que conlleva comprar cosas rebajadas.

¿Cuántas horas de mi trabajo cuesta? Pasar el precio a horas es de lo más poderoso que hay. Unas zapatillas de 150 euros dejan de ser “150 euros” y pasan a ser, por ejemplo, un día y medio de trabajo. ¿Las cambiarías por ese día y medio?

¿Lo quiero o quiero sentir algo? Si sospechas que lo que buscas es una emoción y no un objeto, quizá lo que necesitas es un paseo, una conversación o una noche de dormir bien.

¿Voy a usarlo de verdad, o lo va a usar mi versión imaginaria? Sé honesto con la persona que eres ahora, no con la que te gustaría ser. Porque esa sierra de mesa es una pasada, pero ¿de verdad tienes tiempo o la habilidad necesaria para ponerte a construir cosas con ella?

¿Esto me acerca o me aleja de lo que quiero? Cada euro que gastas en algo que no te importa es un euro que no va a lo que sí te importa: un viaje, un colchón de seguridad, tranquilidad, etc.

Y lo que viene después del Black Friday

Detrás del Black Friday llega la Navidad y con ella una de las decisiones más absurdas que mucha gente toma cada año: endeudarse para comprar regalos.

Cada diciembre hay gente que pide un préstamo, tira de tarjeta de crédito o contrata un plan de financiación para cubrir los regalos. Pero ¿de verdad las personas que quieres (y te quieren) prefieren un regalo caro a que tú empieces el año sin deudas?

Porque casi seguro que no es así.

Además, los regalos que se recuerdan no son los más caros, son los que tienen intención. Una carta escrita a mano, una cena preparada por ti, un plan juntos, algo pequeño que demuestra que te has fijado en lo que esa persona quería de verdad…

Un regalo caro pagado a plazos te da una buena sensación el 25 de diciembre o el 6 de enero, pero también te da un mal enero, un mal febrero y un mal marzo. Ya empiezas el año cuesta arriba.

En cambio, un regalo con intención te sale barato y se recuerda durante años.

Conclusión

Nada de lo dicho en este mail va de no gastar nunca. De hecho, gastar en lo que te importa es una de las mejores cosas que se pueden hacer con el dinero.

Este mail va de algo más sencillo: de que quien decide en qué gastas seas tú y no la oferta, la urgencia o el mal día que hayas tenido.

Estos días previos al Black Friday, cuando llegue la notificación de las 23:47, recuerda que lo que te están vendiendo no es un producto: es un subidón de diez minutos. Y tú decides si lo pagas.

Nos volvemos a leer el próximo miércoles.

Un abrazo,
Carlos

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