
En casi todas las reuniones/quedadas con amigos o familiares, tarde o temprano, aparecen siempre estas dos frases.
La primera: “La vida son dos días, hay que disfrutarla.” La dice alguien mientras pide otra ronda y unos cuantos asienten.
La segunda: “Ya disfrutaré cuando me jubile.” La dice otra persona, normalmente con media sonrisa, mientras otros tantos asienten.
Las dos frases tienen parte de razón, pero llevadas al extremo son una trampa. Porque si tienes parte de razón, en realidad no tienes la razón. O en otras palabras, ambas frases están equivocadas.
Además parece que solo se puede ser de uno de los dos bandos.
O eres del “equipo del presente”: vives el momento, no te agobias con lo que vendrá, gastas lo que tienes sin tener en cuenta el mañana porque quién sabe qué vendrá.
O eres del “equipo del futuro”: ahorras, planificas, te sacrificas hoy por un mañana mejor y miras con cierta superioridad a los del otro bando.
Es la fábula de la cigarra y la hormiga una y otra vez.
La cigarra canta todo el verano mientras la hormiga trabaja sin descanso, y cuando llega el invierno, la cigarra pasa frío y hambre, mientras que la hormiga tiene la despensa llena.
La moraleja que nos enseñaron de pequeños es clara: sé la hormiga.
Pero la fábula se deja algo fuera porque nos cuenta cómo acaba la cigarra, y no nos cuenta cómo acaba la hormiga.
La hormiga que nunca levantó la cabeza del trabajo llega al invierno con la despensa llena, sí, pero sin un solo recuerdo del verano y sin haber disfrutado de él. Y eso también es pasar hambre, aunque de otra cosa.
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Lo que significa de verdad “carpe diem”
Carpe diem es la frase que todo el mundo ha entendido mal, justo al revés de lo que quería decir Horacio, el poeta romano al que se le ocurrió hace más de dos mil años.
Hoy se usa como sinónimo de “vive a tope y no pienses en mañana”. Pero el verbo latino carpere no significa exactamente “aprovechar”. Significa recoger, cosechar, como quien coge un fruto del árbol cuando está maduro.
Y fíjate en la implicación que hay detrás: solo puedes cosechar lo que fue plantado previamente. Nadie recoge fruta de un árbol que no existe.
El disfrute del presente no está enfrentado a la preparación del futuro, de hecho, depende de ella. Son la misma planta, vista en dos momentos distintos (hubo un momento de trabajar y plantar, y habrá un momento de cosechar y disfrutar).
Hay otro detalle en ese poema que va en esa dirección. Justo antes de la famosa frase, Horacio le dice a su interlocutora que sea sensata y que filtre el vino. Es decir, incluso en el poema que inventó el carpe diem, para disfrutar del vino primero hay que prepararlo.
Lo que carpe diem quiere decir no es “no planifiques el futuro y disfruta hoy”. Lo que realmente quiere decir es “no te pases la vida intentando adivinar el futuro y retrasando el vivir hasta que llegue ese hipotético futuro”.
El error de la hormiga
Séneca, que de esto sabía mucho, lo dejó escrito en Sobre la brevedad de la vida. Decía que el mayor obstáculo para vivir es la espera, porque depende del mañana y pierde el hoy.
Ese es el error de la hormiga, porque solo vive para planificar y eso tiene una tendencia peligrosa a no terminar nunca, y sobre todo, a no disfrutar del presente ni del propio proceso.
Seguro que tú mismo también has sido alguna vez una hormiga (yo lo he sido).
“Disfrutaré cuando acabe este proyecto.” Y después viene otro.
“Haremos ese viaje cuando los niños sean mayores.” Y entonces salen otras preocupaciones.
“Me lanzaré cuando tenga suficiente ahorrado.” Y la cifra de “suficiente” sube cada año.
“Cuando me jubile lo haré.” Y cuando por fin llega, el cuerpo ya no responde igual, o los planes que tenías ya no apetecen, o sencillamente no se llega.
El futuro que planificas también será, algún día, un presente. Y si nunca has practicado el disfrutar, no vas a saber hacerlo cuando por fin tengas la oportunidad. Habrás entrenado toda la vida para aplazar, y eso es lo único que sabrás hacer.
La hormiga es esclava de su parte racional.
El error de la cigarra
Este error es más fácil de ver, porque sus consecuencias son evidentes.
Quien vive solo el presente no está disfrutando de verdad la vida: está pasándolo bien solamente hoy, a costa de su yo futuro. Cada euro gastado sin pensar, cada noche sin dormir, cada hábito descuidado, cada exceso que se comete hoy es un préstamo que pedimos a quien seremos dentro de diez años. Y esa persona, tu yo futuro, no va a poder decir que no.
Lo curioso es que la cigarra suele creer que es libre, pero no lo es en absoluto: está atada a lo que le apetece en cada momento. La libertad de verdad no es poder hacer lo que quieras hoy. Es seguir pudiendo hacerlo mañana.
La cigarra es esclava de sus sentimientos y emociones.
Cómo debería ser
Entonces, ¿cómo se mezclan las dos cosas sin caer en ninguno de los dos extremos?
Hay una idea del mundo del ahorro que lo resume muy bien y que en realidad sirve para mucho más que el dinero: págate primero a ti mismo.
Funciona así: cuando cobras, lo primero que haces es apartar una parte para tu futuro. Antes de pagar nada, antes de darte ningún capricho.
Y luego, con lo que queda, disfrutas sin culpa. Sin hacer cuentas cada vez que te tomas un café, porque la parte del futuro ya está apartada y el resto es tuyo para disfrutarlo.
Lo bonito de esta idea es que elimina la batalla diaria entre la cigarra y la hormiga. No tienes que decidir cada día si disfrutas o ahorras, si vives o planificas. Lo decides una vez, al principio y después cada parte hace su trabajo.
Y se aplica igual al tiempo:
Primero reservas la parte que construye tu futuro: el entrenamiento, el rato para tu proyecto, las horas de sueño, las horas para aprender algo… lo que sea. Y el resto del tiempo lo vives sin la sensación de que deberías estar haciendo otra cosa, porque lo importante ya está cubierto.
A modo de conclusión: ni la cigarra ni la hormiga tenían razón al 100%. Las dos tenían razón a medias y por eso las dos se equivocaron.
La vida no consiste en elegir entre disfrutar hoy o preparar para mañana. Consiste en plantar lo suficiente como para tener qué cosechar, y en acordarse de cosechar mientras la fruta todavía está madura.
Planta como la hormiga y cosecha como la cigarra.
Nos volvemos a leer el próximo miércoles.
Un abrazo,
Carlos
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