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Estás listo para salir.

Te has duchado, te has vestido, te has puesto los zapatos e incluso tienes ya la cartera y el móvil en sus respectivos bolsillos.

Sin embargo, tu pareja aún está terminando de arreglarse y como mínimo le faltan unos quince minutos, más o menos.

Ante esa situación, sin pensarlo, sacas el móvil y cuando levantas la cabeza, ya estáis saliendo por la puerta.

Los quince minutos se han ido en Instagram y en un par de vídeos chorras de TikTok.

Esto te pasa varias veces al día ¿verdad?

Tienes más tiempo libre del que crees

Cuando alguien dice que no tiene tiempo, casi siempre quiere decir otra cosa: que no tiene bloques grandes de tiempo.

Y suele ser verdad porque entre el trabajo, la casa, los hijos y todo lo demás, encontrar dos horas seguidas es prácticamente imposible.

Pero bloques pequeños tienes muchos más de los que crees, repartidos por todo el día. Diez minutos sueltos por aquí, un cuarto de hora por allá, veinte minutos mientras vas en el Metro… Y todos esos mini bloques, sumados, son varias horas a la semana.

Lo que pasa es que se evaporan sin dejar rastro, los ves como huecos muertos, como ratos en los que no da tiempo a nada.

Porque nunca te has planteado que se les pueda sacar utilidad. Y eso es un gran error.

La trampa de “o tengo al menos dos horas seguidas, o nada de nada”

Casi toda la gente piensa que para hacer algo debes tener mucho tiempo libre de forma seguida. No vale media hora, necesitan al menos sus dos buenas horitas para empezar a considerar remangarse y ponerse a hacer algo.

Bajo esa lógica, doce minutos no sirven para nada. ¿Qué vas a hacer en doce minutos? Nada que valga la pena, así que llenas ese hueco con lo único que se puede hacer en doce minutos sin pensar: mirar el móvil.

Pero es mentira porque en doce minutos se hacen un montón de cosas.

En doce minutos pones el lavavajillas, o recoges la cocina, o tiendes una lavadora, o contestas los dos correos que llevas unos días arrastrando, o preparas la ropa de mañana, o haces la lista de la compra, o lees seis o siete páginas de un libro, o pides la cita médica que llevas semanas posponiendo.

Y estas cosas son solo un ejemplo minúsculo de todo lo que puedes llegar a hacer en esos mini bloques de pocos minutos que tienes todos los días.

Ninguna de esas cosas te cambia la vida (o quizá sí, porque igual pedir cita al médico te ahorra un disgusto si lo hubieras ido dejando pasar más tiempo), pero todas ellas te quitan peso de encima.

It's Here: Pique's New Caffeine-Free Afternoon Energy

I quit my afternoon coffee. Not because I wanted to — because I found something better.

You know that wall you hit every day around 2–3 PM? I used to just accept it as the cost of doing anything. Another coffee, a quick spike, then the crash — and somehow I'd still feel dehydrated by dinner.

Then I tried X·E Fountain, Pique's brand-new electrolyte energy drink, and I genuinely wasn't ready for how good "no crash" could feel.

No caffeine jitters. No 4 PM slump. Just clean, steady energy that actually hydrates me instead of draining me. It's built with a premium Vitamin B Complex for natural cellular energy, Magnesium Malate + Taurate for real focus, and a full electrolyte blend that makes it feel like a treat, not a chore.

The cucumber-celery-lime flavor is so crisp and refreshing — it's basically stolen my afternoon coffee slot completely.

Dónde están esos huecos

Merece la pena que los identifiques, porque son bastante predecibles. Estos son algunos de los míos (seguramente coincidas conmigo en varios):

  • Mientras tu pareja termina de arreglarse para salir.

  • Mientras algo está en el horno o cociendo a fuego lento y no necesita que estés encima.

  • Mientras vas en transporte público.

  • Los diez o quince minutos antes de una reunión, en los que no te da tiempo a ponerte con nada grande.

  • Mientras esperas a que hierva el agua de la pasta.

  • En salas de espera (del médico, del dentista, del fisio o incluso del mecánico).

  • Cuando estás sentado “en el trono”.

  • Mientras esperas a alguien que llega tarde.

  • Mientras el ordenador se actualiza, descarga o instala algo.

  • Cuando haces cola en una tienda.

Si sumas todo eso en un día normal, te salen tranquilamente cuarenta minutos o una hora. Multiplícalo por siete días y de repente te salen casi siete horas.

El truco está en decidirlo antes

Aquí está la clave de todo, porque no sirve solo con saber que esos huecos existen.

El problema de estos ratos es que muchas veces llegan sin avisar. Por ejemplo, de repente hay que esperar algo y tienes quince minutos por delante.

En ese momento no te pones a pensar qué podrías hacer con ellos: coges el móvil, porque es lo que tienes más a mano y lo que no requiere ninguna decisión.

Para aprovechar esos huecos, debes decidir de antemano qué vas a hacer con ellos cuando aparezcan.

Ten una lista de tareas cortas pendientes y organizadas más o menos por duración. Yo uso la app de Google Keep y es una maravilla porque además se sincroniza con la versión del PC.

Estos son algunos ejemplos:

Cosas de 5 minutos: contestar un WhatsApp que llevas días evitando, pedir una cita (con el dentista, con el mecánico, con la empresa que quieres que te remodele la cocina…), apuntar la compra.

Cosas de 10-15 minutos: poner o vaciar el lavavajillas, tender, preparar la ropa del día siguiente, revisar la agenda del día siguiente, leer siete u ocho páginas de un libro.

Cosas de 20-30 minutos: cocinar la comida del día siguiente, ordenar una habitación, una tarea concreta de ese proyecto que tienes a medias.

De esta forma, cuando aparezca el hueco, no tendrás que decidir nada. Solo tendrás que mirar cuánto tiempo tienes y elegir lo primero de la lista que encaje.

Qué ganas con esto

Con esto ganas muchas cosas, como por ejemplo quitarte de hacer esa tarea por la noche a última hora, cuando no te apetece... y como resultado, no la haces.

Así evitas estar comiéndote la cabeza durante días con “madre mía otro día más sin haber pedido cita con el médico y cada vez me duele más la rodilla”.

Cada tarea que te quitas en un hueco muerto es una tarea que no tienes que hacer por la noche, cuando estás agotado y lo que quieres es descansar.

Al final del día, cuando por fin te sientas en el sofá, ya no tienes ese runrún de fondo que sueles tener cuando tu lista de mini tareas pendientes es enorme. No pensarás en pedir cita al médico o en ordenar la habitación o en contestar ese mail que te persigue desde hace días… porque ya lo habrás hecho en esos ratos muertos.

Quieras o no, los huecos van a estar ahí de todos modos ¿por qué no aprovecharlos?

Un abrazo,
Carlos

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