
Hay una idea muy extendida en el mundillo de la mejora personal y que es casi un dogma que no se suele cuestionar:
“Si no estoy avanzando, es porque no estoy haciendo lo suficiente.”
Y en enero, esa idea se vuelve especialmente peligrosa.
Porque enero invita a sumar, a añadir más y más cosas a tu ya saturada vida:
Más hábitos
Más objetivos
Más cambios
Más exigencia
Pero hay dos cosas que rara vez se dicen y que hoy quiero dejar muy claro:
1. No avanzar también puede ser una forma de avanzar
Saber esperar al momento adecuado, en lugar de hacerlo todo con prisas y mal, es fundamental.
2. Renunciar a tiempo es una habilidad, no un fracaso
De hecho, es super importante saber darse cuenta a tiempo de que algo no funciona, para dejarlo cuanto antes. No me malinterpretes, esto no tiene nada que ver con la constancia ni la paciencia ni la disciplina.
Yo, por ejemplo, si me pusiera a aprender a tejer, probablemente podría ser capaz de hacer algo… pero me costaría muchísimo esfuerzo (sentiría una gran fricción), porque tejer no me gusta ni siento que me aporte nada.
Eso es lo que quiero transmitir, que valores bien donde pones tu tiempo, tu esfuerzo, tu atención y tu energía.
Te cuento una historia personal
En 2021 mi mujer y yo decidimos hacer el Camino de Santiago.
Como todo el mundo, pasamos semanas leyendo blogs, viendo vídeos y apuntando listas infinitas de “imprescindibles”.
Resultado: dos mochilas enormes cargadas hasta arriba con ropa de sobra, latas de comida, cremas, botiquín, repelente de mosquitos… básicamente media casa a la espalda.
Empezamos en Sarria (Lugo) para hacer las últimas cinco etapas. El primer día, de Sarria a Portomarín, fue un suplicio. Caminar 22 km con aquel peso se convirtió en una tortura.
En las primeras horas de la etapa, entendimos que nos habíamos equivocado: habíamos confundido ir preparados con ir sobrecargados.
Al llegar al hostal vimos que se podía contratar un servicio para enviar el exceso de equipaje directamente a Santiago. No éramos los primeros peregrinos en caer en la trampa…
Lo contratamos sin dudarlo.
Dejamos casi todo, compramos una mochila pequeña “tamaño estudiante” y al día siguiente salimos a caminar ligeros, casi flotando. Fue como empezar de nuevo.
Y lo mejor de todo: terminamos el Camino solo con lo que cabía en esa mochila diminuta.
Conclusión: casi siempre pensamos que necesitamos más, cuando en realidad lo que nos hace avanzar es llevar menos.
Soltar lastre es infinitamente más importante que añadir más cosas.
El cansancio no siempre pide acción
Cuando alguien se siente desbordado suele pensar:
“Necesito organizarme mejor.”
“Necesito ser más disciplinado.”
“Necesito apretar los dientes.”
Pero muchas veces lo que el cansancio está pidiendo no es más empuje, sino, como ya he dicho, menos carga.
No todo lo que podrías mejorar toca ahora.
No todo lo que es importante es urgente.
Y no todo lo que te ronda la cabeza merece atención inmediata.
Confundir eso es una de las principales fuentes de frustración crónica.
¿Te unes al siguiente nivel?
El error que comete todo el mundo: querer hacerlo todo a la vez
La mayoría de la gente no abandona sus objetivos porque no le importen.
Los abandona porque intenta sostener demasiadas cosas al mismo tiempo.
Quiere:
Mejorar su forma física
Comer mejor
Dormir más
Ser más productivo
Avanzar en un proyecto personal
Y, ya que estamos, aprender a manejar sus finanzas
Todo a la vez. Todo ahora.
El problema no es la ambición, el problema es la acumulación sin criterio ninguno.
Y esa acumulación es todo lo contrario a algo positivo, porque te aplasta y te quema.
Renunciar no es rendirse
Aquí conviene aclarar algo importante: renunciar no significa tirar la toalla, conformarse, o bajar expectativas por miedo.
Renunciar significa elegir:
Elegir qué sí
Y, sobre todo, elegir qué no
Elegir usando la razón en vez de elegir dejándote llevar por las emociones.
Es aceptar que tu energía es limitada, que tu atención es finita, y que tu vida real impone límites razonables.
Y repito, eso no te hace menos ambicioso, ni más vago, ni poco productivo, ni nada de eso.
Renunciar a aquello que no te conviene te hace más lúcido, porque eres consciente de tu situación actual y puedes empezar a trabajar con lo que ya tienes a mano.
Seguro que esto lo has vivido tú mismo o sino algún conocido
Imagina a alguien que decide “ordenar su vida”.
Empieza el año con una lista interminable.
Todo es importante.
Todo parece urgente.
La primera semana aguanta.
La segunda empieza a fallar.
La tercera abandona.
Si miramos de cerca y analizamos la situación, vemos que el problema no era la falta de voluntad.
Era la falta de renuncia.
El querer hacer todo ya.
El querer lograr todos los resultados en febrero.
Esa persona que abandona nunca decidió qué cosas podían esperar, qué frentes cerrar, qué no tocar todavía.
Y sin eso, no hay sistema que aguante.
Porque por mucha intensidad que pongas, no vas a conseguir que en febrero tengas el cuerpo de Arnold, la cartera de Jeff Bezos ni la fuerza mental de Marco Aurelio.
Todo conlleva tiempo, esfuerzo, constancia y paciencia. Todo.
El alivio de quitar peso
Hay algo profundamente tranquilizador en decir “esto no toca ahora.”
Porque sabes distinguir que ahora no es el momento adecuado.
Cuando renuncias conscientemente: baja la ansiedad, baja la culpa y recuperas margen mental.
Ese margen es lo que luego permite actuar con criterio.
Sin margen, todo es reacción.
Con margen, aparece la elección.
Ejercicio de renuncia sin remordimientos
Este ejercicio, como todos los que te propongo, es sencillo pero muy potente y clarificador. Encuentra 10 minutos y hazlo por escrito.
1. Escribe cosas que te estás exigiendo ahora mismo y que no tocan este mes.
No que no importen, que no tocan ahora.
2. Escribe una decisión que conscientemente vas a posponer.
No indefinidamente, solo hasta que tengas más claridad o más margen.
3. Escribe una frase para liberarte mentalmente.
Algo como:
“Este mes no voy a arreglar esto.”
“Ahora mismo no es prioritario.”
“Concentrarme en menos cosas también es avanzar.”
Debes ser estratégico para conseguir tus objetivos, y parte de esa estrategia es saber rechazar, ordenar y priorizar.
Enero no va de hacer más
Quiero que te quedes con esta idea: enero no va de demostrar nada, va de ordenar.
Y ordenar implica tanto 2 cosas:
Elegir qué hacer
Elegir qué no hacer
La semana que viene hablaremos del siguiente paso razonable:
Qué sí toca
Qué sí merece tu atención
Y cómo avanzar sin volver a sobrecargarte.
Pero para llegar ahí, primero hay que soltar.
Porque nadie avanza cargando con todo a sus espaldas.
Nos leemos el próximo miércoles.
Un saludo,
Carlos (Quintus)