
Efectivamente, segunda vez que me pasa lo de no poder mandar el mail el miércoles y tener que retrasarlo al día siguiente. No es lo ideal, pero hay ocasiones en las que no se puede hacer mucho más.
En el mail de hoy meto otras dos secciones nuevas y una de ellas es un dilema moral bastante potente que quiero plantearte… ¿serás capaz de dar con una solución buena?
En el correo de hoy hablaré de:
🔍A problemas, soluciones: Expectativas vs. Realidad.
💡El dato curioso: El décimo hombre.
🎯La recomendación: Scranton es mi ciudad favorita.
🤔El gran dilema: ¿Puedes dar con una solución que contente a todo el mundo?
🔍A problemas, soluciones

Expectativas VS Realidad
Ayer por la noche creía que iba a poder terminar de escribir el mail que estás leyendo hoy.
Lo tenía claro en la cabeza, la posibilidad de lograrlo “existía” y el plan era razonable.
Pero no ocurrió, la realidad se impuso.
Una bebé de 5 meses, la vuelta al trabajo tras el permiso de paternidad, rutinas nuevas, cansancio acumulado y mil pequeños ajustes todavía en marcha.
Mis expectativas iban por delante de la realidad. Y lo sabía... en el fondo yo lo sabía.
Este es una de las grandes áreas de mejora en la vida: no que las cosas salgan mal, sino esperar que salgan mejor de lo que es probable.
Cuando tus expectativas no tienen en cuenta el contexto real, el choque es inevitable. Y ese choque suele traducirse en estrés, enfado, culpa o sensación de “no llego”.
La solución no es rebajar tus objetivos, sino alinear tus expectativas con la realidad actual. Pregúntate cosas como:
¿Es razonable esto con la vida que tengo ahora mismo?
¿Qué probabilidades reales hay de que salga como lo he planeado?
¿Qué margen de error hay?
Ajustar expectativas no es rendirse, ni mucho menos. Simplemente se trata de jugar con las reglas reales del momento en el que estás.
Porque es mejor hacer algo tarde o que no salga perfecto, a directamente no hacer nada.
💡El dato curioso

El décimo hombre
Existe una práctica muy interesante en la tradición judía conocida como “el décimo hombre”.
La idea es que 10 personas se reúnen para trazar un plan de la siguiente forma: nueve personas son las encargadas de crear ese plan… y la décima persona tiene la obligación de llevar la contraria.
Su función no es molestar ni boicotear. Su función es extremadamente importante, de hecho es vital, porque se encarga de: buscar fallos, detectar puntos débiles, imaginar qué puede salir mal y señalarlo antes de que el plan se ponga en marcha.
Esto conecta directamente con algo muy humano: cuando creemos tener razón, dejamos de pensar con claridad.
Nos enamoramos de nuestras ideas, ignoramos señales incómodas y cuando arrancamos con el plan y todo sale mal, nos frustramos.
Aplicado a la vida personal, todos necesitamos un “décimo hombre” interno. Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos:
¿Qué puede salir mal aquí?
¿Qué estoy subestimando?
¿Qué pasará cuando no tenga energía, tiempo o motivación?
No es para desmoralizarte ni para hacerte sentir mal, de hecho es para evitarlo. Es para prepararte mejor.
Los estoicos lo llamaban premeditatio malorum: imaginar los problemas antes de que lleguen, para que no te pillen por sorpresa. Pero no imaginar problemas para hacernos sentir mal, sino para estar listos en caso de que ese escenario finalmente suceda.
La próxima vez que tengas claro un plan, sé tu propio décimo hombre y pregúntate qué cosas pueden salir mal.
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🎯La recomendación
Scranton es mi ciudad favorita
Las recomendaciones que te doy, suelen tener algún tipo de “justificación” de mejora personal. Pero la de hoy no es una de ellas.
The Office (la versión de EE. UU.) es, sin exagerar, mi serie favorita (la he visto 3 veces). Sus episodios son de unos 20 minutos, tienen ritmo ágil, humor absurdo (y a veces muy incómodo) pero inteligente y personajes que, aunque caricaturescos, son muy humanos.
Mi mujer y yo la vemos mientras cenamos y nos lo pasamos genial. No aprendemos nada, no reflexionamos nada, ni sacamos nada “de provecho”.
Bueno, algo sí sacamos: desconectamos completamente y nos relajamos tras un día agotador.

En cuanto suena su mítica canción del principio, nos trasladamos mentalmente a Scranton (la ciudad donde está ambientada).
Nos reímos, nos evadimos un rato y recargamos las pilas Y eso también es importante.
A veces no necesitas un libro profundo, una serie densa o algo que te remueva por dentro.
A veces necesitas justo lo contrario:
algo corto, familiar y que te haga olvidar el día durante 20 minutos.
The Office cumple exactamente esa función.
Y por eso la recomiendo: es un pequeño refugio cotidiano.
🤔El gran dilema

¿Puedes dar con una solución que contente a todo el mundo?
Imagina esta situación:
En un hospital hay un solo corazón disponible para trasplantar, y hay dos pacientes compatibles que lo necesitan para vivir:
Un anciano de 89 años, muy débil. Si recibe el trasplante y su cuerpo lo acepta, podría vivir algunos años más. No muchos, pero serían años de vida ganados.
Este anciano ha tenido una vida dedicada a ayudar a los demás, y pese a su avanzada edad, sigue siendo la figura central de su familia.
Un joven de 26 años, más fuerte. Debido a su juventud puede aguantar algo más de tiempo sin el trasplante. Si lo recibe, su cuerpo lo aceptaría casi con total seguridad, y viviría muchísimos más años gracias a él.
Este joven no tiene familia propia y hace años que cortó lazos con sus padres y hermanos. Ha cometido errores en su vida, pero antes de enfermar estaba trabajando para corregirlos.
No hay más corazones y no hay forma de salvar a los dos.
Si tú formaras parte del comité del hospital encargado de decidir…
¿Priorizas a quien está peor ahora mismo?
¿O a quien tiene más vida potencial por delante?
¿Importa la edad?
¿Importa la urgencia?
¿Importa el contexto de cada paciente?
¿Importa el “retorno” de la decisión?
No hay una respuesta fácil, cualquier elección tiene un coste moral y cualquier justificación se deja algo fuera.
Justo por eso este dilema es tan interesante: nos obliga a enfrentarnos a nuestros valores.
Yo te daré mi respuesta y mi justificación la semana que viene, pero de momento, te toca votar a ti.
¿A quién elegirías para recibir el trasplante?
Vota lo que tú harías.
No lo que “queda mejor”.
No lo que crees que otros esperarían de tu decisión.
En el próximo mail, además de dar mi respuesta, compartiré el resultado de la encuesta y haré una reflexión sobre dicho resultado (salga el que salga).
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