In partnership with

Pensar que los resultados son proporcionales al tiempo invertido es una creencia muy extendida, incluso en el mundillo de la mejora personal.

Y parece lógico, porque se supone que cuantas más horas pones en algo, más avance logras ¿o no?

El problema es que no es verdad. O más exactamente: es verdad en trabajos donde el resultado sí es directamente proporcional al tiempo.

Si vas a levantar un muro de ladrillos, más horas equivalen a más ladrillos. Ahí sí se cumple.

Pero cuando el trabajo requiere pensamiento, decisión, creatividad o construcción de algo propio, la ecuación se rompe.

Y la mayoría de nosotros, sin darnos cuenta, seguimos aplicando la “lógica del albañil” a trabajos que no funcionan así.

Puedes trabajar doce horas y haber avanzado menos que alguien que trabajó dos.

Cualquiera lo ha experimentado alguna vez, aunque pocos se paran a pensar y evaluar su sesión de trabajo.

La diferencia no está en el tiempo: está en el foco.

La ejecución enfocada, que es de lo que vamos a hablar hoy, es lo contrario.

No se trata de trabajar más. Se trata de trabajar de tal forma que cada hora que inviertes deja una huella real en lo que quieres construir (ya sea tu físico, tus finanzas, un proyecto personal, mejorar la relación con tu pareja… lo que sea).

Qué significa ejecutar con foco de verdad

Ejecutar de forma enfocada significa eliminar fricciones que te distraen (multitasking, mirar la tele mientras trabajas, intentar avanzar en más de una cosa simultaneamente, etc.).

Significa decidir de antemano en qué vas a trabajar, durante cuánto tiempo y sin qué interrupciones. Y después simplemente hacerlo.

Parece obvio, pero muy poca gente lo hace.

El cerebro humano no está diseñado para la multitarea. Lo que llamamos multitarea es en realidad cambio de tareas (o de contexto), que ocurre de forma muy rápida.

El cerebro no puede sostener un esfuerzo continuado en más de una tarea, así que salta de una cosa o otra en una fracción de segundo. Y cada salto tiene un coste.

Los neurocientíficos lo llaman switching cost, y se estima que puede consumir hasta un 40% de tu productividad.

Es decir: si crees que hacer varias cosas a la vez te hace más eficiente, los hechos reales (e incontestables) te dicen que estás perdiendo casi la mitad de tu capacidad.

Every headline satisfies an opinion. Except ours.

Remember when the news was about what happened, not how to feel about it? 1440's Daily Digest is bringing that back. Every morning, they sift through 100+ sources to deliver a concise, unbiased briefing — no pundits, no paywalls, no politics. Just the facts, all in five minutes. For free.

Por qué cuesta tanto

Porque el foco es incómodo, porque cuando te sientas a trabajar en una sola cosa, sin hacer otra cosa, aparece la resistencia.

La tarea se vuelve de repente más difícil de lo que parecía.

Tu mente empieza a buscar salidas: mirar 2 minutos el móvil, querer hacer otra cosa que tenías pendiente, levantarte a la cocina a prepararte algo, pensar que quizás deberías mirar primero aquello otro.

Es el mecanismo natural del cerebro, que busca evitar el esfuerzo cognitivo profundo, que es costoso, aunque sea necesario.

Y la solución habitual es ceder para aliviar la tensión.

El problema es que cada vez que cedes, entrenas al cerebro para que la próxima vez la resistencia aparezca antes y con más fuerza. Es un ciclo que se retroalimenta.

La ejecución enfocada requiere tolerar esa incomodidad inicial.

Lo bueno es que no necesitas ser un “Rambo de la concentración” y resistir durante horas esa sensación. Normalmente basta con aguantar los primeros diez o quince minutos ya desaparece.

A mí por ejemplo me pasa a menudo. Ya sabes que entre el trabajo y mi bebé, tengo poco tiempo para mis proyectos (X y Academia Quintus). De hecho el único tiempo libre que tengo es desde que termino que cenar hasta que me acuesto.

Y ya te digo yo que lo último que me apetece es ponerme a escribir de 10 a 12 de la noche, pero no me queda otra.

Y sí, todos los días sin falta tengo que luchar para ponerme. Y siendo sincero, he de reconocer que no siempre gano yo, que alguna vez ganan mis ganas de quedarme viendo la tele en el sofá (aunque afortunadamente, pasa pocas veces).

Pero tras esos 10-15 minutos de resistencia inicial, todo empieza a fluir y esa sensación de incomodidad desaparece por completo. De hecho, muchas noches estoy tentado de quedarme hasta más tarde, porque me encuentro a gusto trabajando.

Lo que yo hago cada noche es lo siguiente (y funciona): tomar tres decisiones antes de empezar a trabajar.

  • Primera decisión

    Qué vas a hacer: Una sola tarea (la más importante, no la más urgente). Cinco minutos pensando en esto antes de empezar valen más que una hora de trabajo disperso.

  • Segunda decisión

    Cuánto tiempo: Ponte un límite, porque tu cerebro trabaja mejor sabiendo que la tarea que vas a realizar tiene un final programado.

  • Tercera decisión

    En qué condiciones: Teléfono boca abajo o en otra habitación, sin pestañas abiertas (a menos que sean necesarias para completar la tarea). Tu espacio de trabajo debe estar ordenado y despejado para reducir la fricción y conseguir que mantenerse en la tarea cueste menos esfuerzo que salir de ella.

Eso es todo, no hay más sistema que este. Solo 3 decisiones.

Y cuando actúas así notas una cosa muy positiva: no solo avanzas más rápido, sino que además trabajas mejor.

Cuando terminas un bloque de trabajo enfocado de verdad, hay algo muy gratificante que aparece: la sensación de haber hecho algo real, de que el tiempo que invertiste valió relamente la pena.

Esa sensación importa más de lo que parece, porque es la que sostiene la constancia a largo plazo. No la motivación, que ya sabemos que sube y baja.

Esa sensación se va sumando día tras día y se convierte en una evidencia de que cuando te sientas a trabajar de verdad, pasan cosas.

Un ejercicio para esta semana

Elige un día de la semana.

Ese día, antes de abrir el correo, antes de mirar el teléfono, antes de hacer nada: decide cuál es la tarea más importante que puedes completar.

Escríbela y ponle un límite de tiempo. Por ejemplo, en mi caso: “escribir un mail entre sesenta y noventa minutos”.

Después cierra todo lo que no necesites y trabaja en esa tarea durante ese tiempo.

Sin excepciones, nada de "un momento que miro esto".

Cuando termines, reflexiona sobre cómo te sientes y cuánto avanzaste en comparación con un día normal.

No te pido que cambies toda tu forma de trabajar de golpe, solo que lo pruebes una vez y compruebes tú mismo la diferencia.

Porque la diferencia existe y cuando la sientes, ya no quieres volver atrás cuando te dispersabas en lugar de enfocarte.

Nos volvemos a leer el miércoles.

Un abrazo,

Carlos (Quintus)

The 15-Minute Retirement Plan

Retirement savings face two quiet threats: cash flow gaps and inflation eroding purchasing power over time. The 15-Minute Retirement Plan helps investors with $1,000,000 or more account for both and build a portfolio designed to last the distance.

Keep Reading