
La semana pasada te pedí que evaluases con sinceridad qué tal te había ido el trimestre, para identificar qué funcionó y qué no.
Es probable que en algún momento de ese ejercicio de auto evaluación apareciese el sentimiento de culpa.
Esa voz interior que dice que podrías haberlo hecho mejor, que te faltó disciplina, que otros en tu misma situación sí lo habrían conseguido.
Lo que te dices cuando fallas
Cuando un objetivo no se cumple, el cerebro se pone a buscar culpables. Y el culpable más cercano siempre eres tú mismo.
"Me faltó constancia."
"No me organicé bien."
"Debería haber sido más disciplinado."
Y hay algo de verdad en todo eso, porque siempre se puede mejorar. Pero hay una diferencia enorme entre aprender de lo que no funcionó y castigarte por ello.
Lo que debemos hacer es mirar a los fallos con ánimo de aprender, y consecuentemente, avanzar gracias a ese aprendizaje. Pero en ningún momento hay que flagelarse ni castigarse.
Lo que muy pocas veces nos decimos cuando fallamos (y deberíamos decirnos) es esto: la persona que tomó esas decisiones a principios de año no era la misma que eres hoy.
Eras otra persona entonces
Como ya comenté la semana pasada, cuando empezó 2026 y me marqué esos objetivos imposibles, lo hice desde un contexto que ya no existe.
Llevaba meses de permiso de paternidad, todo mi tiempo era para mi hija, mi mujer y para las distintas obligaciones y tareas.
No había trabajo esperándome por las mañanas, ir al gimnasio seis días por semana parecía perfectamente razonable y publicar a diario en X parecía asumible. De hecho lanzar una membresía parecía el siguiente paso lógico.
Y pese a que no conseguí hacer esas cosas, el caso es que no me estaba engañando. Simplemente estaba tomando decisiones con la información que tenía en ese momento.
Lo que pasa es que esa información era incompleta, porque nadie sabe de verdad lo que es pasar por una situación concreta hasta que la vive realmente.
Eso no es una excusa, es un hecho. Y reconocerlo es ser justo con uno mismo.
Repito: no tenías toda la información
Esta es quizás la razón más importante para soltar la culpa, y también la más fácil de ignorar.
Cada decisión que tomas, la tomas con la información disponible en ese momento. No con la que tendrás después, no con la perspectiva que da el tiempo, no con el conocimiento que solo se adquiere viviendo la experiencia.
Juzgar las decisiones del pasado con los ojos del presente es injusto casi siempre. Es como criticar a alguien por no haber visto algo que todavía no había ocurrido.
Ahora sí lo sabes y precisamente por eso estás en mejor posición para planear lo que viene.
El fallo es lo que te trajo hasta aquí
Si prestas atención a los errores, pueden enseñarte exactamente dónde están tus límites reales.
No los límites que imaginas desde el sofá cuando estás soñando despierto con lo bien que te va a salir todo a la primera. Me refiero a los límites de verdad, los que solo aparecen cuando chocas con ellos.
Es como cuando ibas al instituto o a la universidad, que la clase de antes del examen, el profesor decía: “¿tenéis alguna duda?“
Y nadie tenía dudas porque en realidad nadie había empezado a estudiar todavía. Pero en cuanto empezabas a estudiar el temario, te empezaban a salir dudas de todas partes ¿lo recuerdas, verdad? Yo por lo menos sí lo recuerdo xD
Pues esto es lo mismo: cada uno de esos "fracasos" que tienes cuando empiezas a actuar, te dan información muy valiosa que te puede permitir planear mejor el segundo trimestre.
El fallo no fue un obstáculo en el camino, fue parte del camino.
Amor Fati
Hay un concepto estoico justo para esto: Amor Fati, que en latín significa literalmente "amor al destino".
No es resignación, no es conformismo, no es rendirse sin luchar… ni de lejos.
Es algo mucho más activo y más difícil: consiste en aceptar todo lo que ha ocurrido, incluyendo lo que no salió como querías, como parte necesaria de lo que eres hoy.
Marco Aurelio es uno de los mejores ejemplos de esto.
Gobernó el Imperio Romano en uno de sus períodos más convulsos: guerras en las fronteras, una pandemia devastadora que mató a millones de personas, conspiraciones políticas y una economía en tensión constante.
Tenía sobre sus hombros la responsabilidad de dirigir el imperio más poderoso del mundo conocido.
Y encima de todo eso, perdió a ocho de sus trece hijos.
Ocho de trece… para fliparlo.
Eso habría destruido a cualquiera y sin embargo, Marco Aurelio siguió adelante.
Siguió gobernando, siguió escribiendo sus Meditaciones, siguió intentando ser mejor cada día. No porque no sintiera el dolor, sino porque había encontrado una forma de relacionarse con él que no le paralizaba.
De hecho gobernó tan bien, que es considerado uno de los 5 emperadores buenos de Roma.
En sus escritos dejó una idea que resume todo esto mejor que cualquier otra cosa que haya leído: que los obstáculos no se oponen a la acción, sino que la perfeccionan.
Aplicado a tu caso: lo que no funcionó este trimestre no se opone a tu avance, lo perfecciona.
Te da información, te da perspectiva y te da la humildad necesaria para tomar mejores decisiones a partir de ahora.
Y entrar en el segundo trimestre sin el peso de lo que no salió bien, es infinitamente mejor que entrar cargando con ello.
Nos volvemos a leer el próximo miércoles.
Un abrazo,
Carlos (Quintus)
Smart starts here.
You don't have to read everything — just the right thing. 1440's daily newsletter distills the day's biggest stories from 100+ sources into one quick, 5-minute read. It's the fastest way to stay sharp, sound informed, and actually understand what's happening in the world. Join 4.5 million readers who start their day the smart way.

