
La constancia se pone a prueba en semanas normales. En las semanas buenas no hace falta tirar de constancia ni disciplina, porque viene todo rodado.
Pero una semana normal tiene algunos de estos elementos (o incluso todos):
Algún imprevisto
Algún día más largo de lo que pensabas
Una conversación que te descoloca (personal o en el trabajo)
Y esos momentos en los que llegas a casa con las pilas agotadas del todo
Es ahí donde muchas decisiones empiezan a tambalearse, porque tus decisiones y tu forma de actuar estaban pensadas para días ideales.
Y la vida rara vez, por no decir nunca, te concede días ideales.
La fantasía del ritmo perfecto
Hay una imagen que casi todos tenemos en la cabeza cuando empezamos algo.
Nos vemos cumpliendo religiosamente con nuestros hábitos, avanzando sin interrupciones, manteniendo un ritmo limpio y ordenado.
A ver, esa imagen no es dañina en sí misma, porque es el ideal del que se desprende nuestra decisión de mejora.
El problema aparece cuando la confundimos con la única forma válida de avanzar.
Porque lo habitual es que el ritmo se interrumpa, por ejemplo, por motivos que ya he comentado un poco más arriba.
Y cuando eso ocurre, lo que hacemos después importa más que la interrupción en sí. Porque un desliz, por pequeño que sea, puede acabar en abandono.
Imagina esta situación:
Has decidido organizar mejor tu tiempo.
Durante un par de semanas lo haces con cierta coherencia.
No perfecto, pero suficiente. Como se predica aquí en Academia Quintus.
De repente, un miércoles se complica: no llegas a tus compromisos y no cumples lo que habías previsto.
Al día siguiente ya no sabes muy bien por dónde retomar. En este caso, mucha gente tiene una reacción desproporcionada es pensar que el sistema entero no funciona.
Pero si lo piensas, en realidad, simplemente ha habido un problema muy localizado, en un día que no ha salido del todo bien.
La mente saca conclusiones demasiado rápido: por un fallo puntual como tener un mal día, deduce una conclusión global (debe ser que mi planificación entera es incorrecta).
Y ahí empieza la caída en barrena para las personas que piensan así.
Most adults with ADHD don't realize how deeply it affects their daily life—from emotional regulation to working memory. This free personalized quiz reveals your ADHD trait score across 5 key areas and shows you exactly where to focus first. Takes 10 minutes, changes everything.
La constancia se decide en el momento posterior al error
Como ya he mencionado antes: cuando todo va bien, cuando estás concentrado, cuando tienes tiempo de sobra... aquí no hay necesidad de ser disciplinado ni constante, porque tienes todo de cara.
En cambio, cuando tienes un fallo, es cuando tienes que decidir entre seguir siendo constante o dejarte llevar por los sentimientos negativos.
Ese momento tiene dos caminos posibles.
En uno, te dices que ya lo arreglarás más adelante, cuando tengas más tiempo o ganas.
En el otro, haces algo mucho más sencillo: vuelves al punto anterior del fallo.
Es decir ¿antes de que fallases, qué cosas estabas haciendo bien?
Esta “copia de seguridad” anterior al fallo es muy importante.
Porque a partir de ahí podemos volver al camino que estábamos recorriendo antes de cagarla. Es como los checkpoint en los videojuegos.
En el mundo empresarial se habla mucho de “producto mínimo viable”: la versión más simple que permite que un proyecto exista sin derrumbarse.
En la vida personal ocurre algo parecido: si una semana se desordena, quizá no puedas entrenar igual, leer al mismo ritmo o cumplir todas las decisiones que habías tomado.
Pero casi siempre puedes mantener una “versión reducida” de tus hábitos/objetivos. Es decir, que aunque en este momento concreto no puedas hacer todo lo que te has propuesto, al menos puedes hacer un mínimo.
Esa diferencia, aparentemente pequeña, cambia el resultado a largo plazo.
Porque cuando mantienes aunque sea una versión mínima, el proceso sigue vivo. En cambio, cuando abandonas del todo, reiniciar cuesta muchísimo más.
No todo merece la pena
También conviene aclarar algo: ser constante no significa aferrarse a cualquier decisión sin revisarla… a veces hay que reajustar profundamente y rechazar todo lo que no te aporte.
Esto no debe pillarte de nuevas, porque lo he repetido en infinidad de mails.
Es importante es saber distinguir entre un obstáculo puntual y una señal de que algo está mal planteado.
Esa distinción exige humildad y honestidad por tu parte para reconocer que no eres Superman y no puedes llegar a todo (ninguno de nosotros podemos llegar a todo).
Si lo que falla es la forma, ajusta la forma.
Si lo que falla es el objetivo, revisa el objetivo.
No hay necesidad de hacer dramas y mandarlo todo a la basura por un error en concreto.
En lugar de preguntarte: “¿He fallado esta semana?”
Prueba con otra pregunta: “¿Qué parte de mis objetivos siguen teniendo sentido, incluso en una semana imperfecta?”
Eso basta para que la dirección no se pierda.
Pongamos un ejemplo: piensa en alguien que decidió en enero dejar de aceptar compromisos que no le aportan nada.
Durante varias semanas lo cumple.
Pero un día, por presión o por costumbre, vuelve a decir que sí a algo que sabía que no debía aceptar.
Ese error puede interpretarse como: “No soy capaz de cambiar.”
O puede leerse de otra manera: “He detectado el punto débil. Ahora sé dónde tengo que ajustar.”
La diferencia no está en el hecho, está en la lectura que haces de él (¡estoicismo al poder!).
Haz esta prueba la semana que viene: La próxima vez que algo se tuerza (porque se torcerá), detente un minuto antes de reaccionar. Y pregúntate:
¿Voy a desmontarlo todo por esto?
¿Qué versión mínima me permite seguir?
¿Qué gesto concreto evita que empiece de cero?
Para terminar, te vuelvo a recordar que no hace falta que la semana sea perfecta.
Si esta semana (o la que sea) algo se tuerce, eso no debe ser motivo para tirarlo todo a la basura.
Que simplemente sea el recordatorio de que puedes volver al camino sin dramatizar, haciendo los ajustes necesarios (y si tienes que eliminar algo concreto que no funciona, que no te tiemble el pulso).
Un abrazo,
Carlos (Quintus)
Tech moves fast, but you're still playing catch-up?
That's exactly why 100K+ engineers working at Google, Meta, and Apple read The Code twice a week.
Here's what you get:
Curated tech news that shapes your career - Filtered from thousands of sources so you know what's coming 6 months early.
Practical resources you can use immediately - Real tutorials and tools that solve actual engineering problems.
Research papers and insights decoded - We break down complex tech so you understand what matters.
All delivered twice a week in just 2 short emails.


