Antes de empezar, quiero disculparme porque pensé que en el Micro Miércoles de la semana pasada os comenté que esta semana no mandaría Micro Miércoles y que el mail del sábado (ayer), lo mandaría el domingo (hoy). El motivo es que en Semana Santa me tomaría unas mini vacaciones.

Pero olvidé totalmente decíroslo, así que os pido perdón.

Ahora sí, vamos con el mail.

A finales de diciembre de 2025, me senté a planear mis metas para 2026 con una confianza que, visto lo visto, era bastante inmerecida.

Tenía mis objetivos claros:

  • Ir al gimnasio seis días por semana.

  • Publicar a diario en X.

  • Lanzar una membresía de pago para los suscriptores de Academia Quintus.

Todo a la vez, todo desde enero, con la energía de quien empieza el año con ganas de comerse el mundo.

El problema es que en diciembre de 2025 yo llevaba meses sin trabajar.

Desde que nació mi hija a finales de agosto, estuve de permiso de paternidad y de forma seguida, disfruté de las vacaciones acumuladas de 2025.

Y aunque adaptarse a la paternidad tiene sus momentos duros, en ese periodo de permiso de paternidad + vacaciones, tenía algo que ahora es un lujo: tiempo.

Todo mi tiempo era para mi hija, para las tareas de casa y para estar presente. No había trabajo esperándome por las mañanas ni proyectos que sacar adelante por las noches.

Así que cuando me reincorporé a mi trabajo a principios de febrero de este año, cometí el error clásico: planear desde el mejor escenario posible en lugar de desde la realidad.

El golpe de realidad

La vuelta al trabajo no fue solo volver al trabajo.

Fue volver al trabajo con las noches interrumpidas, porque mi hija todavía se despierta a menudo y el descanso es mínimo (las noches en las que consigo dormir 5 horas y media, ya las considero como buenas).

Fue volver con las lavadoras que no se hacen solas, los biberones que hay que lavar y esterilizar a diario, las comidas que hay que preparar.

Fue volver queriendo seguir siendo un padre y un marido presente, no solo alguien que llega a casa, cena y desaparece.

Los seis días de gimnasio duraron poco. No fue porque me faltaran ganas, sino porque entre el trabajo, las noches sin descanso y todo lo demás, sacar una hora y media al día resultó ser completamente inviable.

Lo mismo pasó con salir a correr por las mañanas antes del trabajo: bonita idea sobre el papel, imposible con las noches sin descanso y las demás obligaciones.

Con X sucedió algo parecido: publicar a diario exige un tiempo de creación que sencillamente no he tenido estos meses.

Y con la membresía, la historia fue diferente pero el resultado similar: la lancé a medias, creé algunas cosas, pero la versión grande que tenía en mente no llegó a ver la luz.

Al principio me fastidió pero luego lo agradecí, porque siendo honesto conmigo mismo, no podría haber mantenido el ritmo ni haber ofrecido el contenido de calidad que os merecéis.

Lo que hice en lugar de abandonar

Aquí es donde quiero detenerme, porque creo que es la parte más útil de todo el mail.

El genio militar Moltke "El Viejo" dijo una frase que es tan cruda como real:

“Ningún plan sobrevive al primer contacto con el enemigo“.

Es decir, que por muy bien que planifiques algo, cuando lo pongas en práctica, la realidad te va a pasar el dedo índice por la cara haciendo el gesto de “no”.

Cuando eso me pasó a mí, tuve dos opciones: o seguía insistiendo en los objetivos originales hasta quemarme, o ajustaba a lo que realmente podía sostener.

Elegí ajustar.

  • De seis días de gimnasio pasé a tres. Y descubrí que una rutina fullbody repartida en tres sesiones semanales funciona genial, y que mi forma física no ha bajado en absoluto.

  • Con X reduje la frecuencia a lo mínimo indispensable pero manteniendo la consistencia de publicar como mínimo una vez cada dos o tres días.

  • Con la newsletter me limité a los dos mails semanales de siembre, renunciando a crear más productos por el momento.

No abandoné: ajusté.

Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas.

Por qué planeo por trimestres y no por años

Una cosa más que este trimestre me ha confirmado: planear un año entero cuando tienes una hija de pocos meses es un ejercicio de ficción.

Mi hija cambia casi cada semana: sus necesidades de hace dos meses no son las de ahora, y las de ahora no serán las misma que tenga el mes que viene.

Lo que era imposible en febrero puede ser perfectamente viable en junio.

Por eso he adoptado la planificación trimestral como sistema: cada tres meses evalúo, ajusto y replanteo.

Esos 3 meses son un horizonte suficientemente grande para que las cosas tengan continuidad, y suficientemente corto para adaptarme a lo que la vida real me va poniendo delante.

Y dentro de ese marco, tengo dos herramientas que uso según el caso:

  1. O comprimo los objetivos grandes en versiones más breves y asumibles.

  2. O los divido en mini objetivos trimestrales que avanzan poco a poco pero sin parar.

El caso es adaptar tu vida a tu situación.

En otras palabras: hacer lo que puedas con lo que tengas a mano.

Tu turno: cómo hacer tu propia revisión trimestral

Lo que me ha funcionado a mí no es magia ni ningún sistema sofisticado. Literalmente es sentarme y responder honestamente a unas pocas preguntas.

Te las dejo para que hagas lo mismo:

1. ¿Qué objetivos te marcaste a principios de año? Escríbelos todos, sin filtro. Los que has cumplido o estás cumpliendo, los que no y los que abandonaste a medias.

2. ¿Qué ha funcionado? Identifica qué hábitos, proyectos o decisiones sí han avanzado. Por pequeño que sea el avance, anótalo. Esto importa más de lo que parece.

3. ¿Qué no ha funcionado y por qué? No se trata de castigarte, sino de entender si el problema fue el objetivo en sí, el momento, los recursos o simplemente que no era tan prioritario como creías.

4. ¿Qué vas a soltar? De lo que no ha funcionado, ¿qué tiene sentido abandonar 100%? Porque no todo merece una segunda oportunidad. Algunas cosas simplemente no encajan con tu vida ahora mismo, y reconocerlo es una decisión inteligente, no una derrota.

5. ¿Qué vas a ajustar? De lo que no ha funcionado pero sigue siendo importante, ¿cuál es la versión reducida que sí podrías sostener? Lo mismo que hice yo con los tres días de gimnasio.

6. ¿Qué vas a potenciar? De lo que sí ha funcionado, ¿cómo le das más espacio en el siguiente trimestre?

Con sentarte veinte minutos y apuntarlo en un papel tienes suficiente. Pero hazlo antes de que empiece la semana.

Porque entrar en abril con claridad sobre lo que ha pasado es el primer paso para que lo que viene sea mejor que lo que fue.

Nos volvemos a leer el próximo miércoles.

Un abrazo,

Carlos (Quintus)

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