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Te levantas a las 7:30 de la mañana, desayunas algo rápido y sales hacia el trabajo. A las 9 ya estás en tu escritorio.

Correos, tareas, reuniones, pequeñas urgencias que van apareciendo hasta las 6 de la tarde que te toca salir.

Sales de la oficina, te pasas por el supermercado a comprar cuatro cosas que hacen falta en casa y sobre las 7:30 de la tarde vuelves a casa por fin.

Estás cansado, no hay duda. Ha sido un día largo.

Te ronda la idea de ir al gimnasio (algo que te propusiste a principios de año) pero ahora mismo es lo último que te apetece en el mundo.

Así que te sientas “un momento” en el sofá y pones un episodio de una serie. Cuando termina, te levantas a hacerte la cena.

Después de cenar, sobre las 10:00, vuelves al sofá a seguir con la serie. Pero ahora además, te pones a mirar también TikToks y reels en el móvil.

Cuando quieres darte cuenta son las 12 de la noche, así que te vas a la cama.

Y mañana toca lo mismo… esa es tu vida de lunes a jueves (porque el viernes toca salir, claro).

El caso es que a veces, cada vez con más frecuencia, te aparece un pensamiento incómodo.

Algo dentro de ti sospecha que no has venido al mundo solo para esto. Que levantarte, trabajar, embobarte con pantallas y repetir el ciclo al día siguiente se queda corto.

Que quizá hay algo más, algo distinto.

El problema es que la vida moderna tiene una forma muy eficaz de atraparnos en lo que podríamos llamar modo mantenimiento.

Todo funciona en la superficie.

  • Pagas tus facturas.

  • Cumples con tu trabajo.

  • Mantienes tu rutina.

Nada se derrumba, pero tampoco avanza demasiado.

Es una vida que se sostiene, pero que no progresa.

Porque ciertamente no es una vida plena llena de significado, pero tampoco es lo suficientemente incómoda para que te moleste en exceso durante tu día a día.

En ese modo mantenimiento, las semanas pasan rápido. Y los años todavía más.

Sin darte cuenta empiezas a aplazar ciertas cosas.

  • Ese negocio que investigaste durante meses.

  • Ese viaje alrededor del mundo que siempre pensaste hacer.

  • Esa lista de cosas que tienes para hacer “antes de morir”.

  • Ese proyecto personal que siempre te rondó la cabeza.

Nada desaparece del todo porque aún estás a tiempo. Simplemente queda guardado en una especie de cajón mental llamado “algún día”.

Pero de repente un día te levantas, y tienes 70 años.

Tal vez ya no es el momento de tomarse un año sabático para recorrer el mundo.

Quizá tirarse en paracaídas ya no entra en el plan.

Ese negocio que estudiaste durante meses nunca llegó a abrirse.

La casa en la playa que soñabas comprar desde aquel verano en Isla Cristina, cuando fuiste con tus padres con 14 años, nunca llegó a existir.

Aprender a montar a caballo ya queda definitivamente descartado.

Pero bueno, viste todas las series del momento.

Estuviste al día de todas las polémicas y cotilleos.

Probaste el gin tonic de todos los bares de moda.

Y cada verano pudiste pasar quince días en Benidorm (pidiendo un préstamo, eso sí).

Mereció la pena ¿no?

Nada de esto ocurre de golpe

Va pasando lentamente, porque la vida no es que se rompa ni nada de so.

Simplemente entra en modo mantenimiento y eso tiene una característica peligrosa.

  • Parece razonable.

  • No parece un error.

  • No parece un fracaso.

  • Parece una vida normal.

Y al final, inevitablemente, te acabas acostumbrando.

Lo que yo recomiendo es hacerse un auto diagnóstico. En concreto plantearse una pregunta incómoda que conviene hacerse de vez en cuando. Es esta:

“Si nada cambia en los próximos diez años, ¿te gustará el lugar al que te está llevando tu trayectoria actual?”

No el lugar al que te gustaría ir, no hablamos de hipótesis, ni de “si me toca la quiniela”.

El lugar al que realmente te está llevando este estilo de vida que tienes hoy en día.

The 15-Minute Retirement Plan

Retirement savings face two quiet threats: cash flow gaps and inflation eroding purchasing power over time. The 15-Minute Retirement Plan helps investors with $1,000,000 or more account for both and build a portfolio designed to last the distance.

Salir del modo mantenimiento no significa abandonar tu vida actual.

No significa romper con todo.

Ni siquiera significa hacer cambios dramáticos.

Muchas veces empieza con algo mucho más simple.

Empieza con una acción que mueve la dirección de tu vida.

Una acción que empuja tu situación hacia delante.

Aunque sea solo un poco.

En el mail de la semana pasada hablábamos de la diferencia entre actividad y avance. Hoy vamos un paso más allá.

Porque no todas las acciones tienen el mismo impacto. Hay acciones que mantienen el sistema funcionando, y hay acciones que cambian el sistema.

A estas últimas se las suele llamar acciones palanca.

Son acciones que producen un efecto mucho mayor que el esfuerzo que requieren.

Se trata de esas acciones que si se llevan a cabo, cambian algo, abren una oportunidad, desbloquean una situación, crean una nueva dirección.

Una de las mayores acciones palanca que yo he podido hacer, fue empezar mi cuenta en X, y posteriormente los mails de Academia Quintus.

Estas acciones me han traído mucho bien a mi vida, a muchos niveles, y además son puertas a cosas mucho más grandes que quiero lograr.

Yo tengo claras 3 cosas en mi vida:

  • Quiero ganarme la vida difundiendo “los caminos” de la mejora personal (que poco a poco se va cumpliendo).

  • Quiero llegar a ser libre financieramente. No me refiero a ser multimillonario ni nada de eso… simplemente quiero llegar a un punto en que tenga tranquilidad de que pase lo que pase, al menos económicamente pueda responder sin problemas (estoy trabajando en ello).

  • Quiero una casa en el campo con un terreno alrededor (esto será la consecuencia de lograr los 2 objetivos anteriores).

Gracias a las acciones palanca de empezar en X y empezar con Academia Quintus, estoy dando los pasos adecuados para lograr mis 3 objetivos.

A ver, que yo también voy al trabajo y al super como el tío del ejemplo del principio. Lo que pasa, es que en lugar de estar de 10 a 12 de la noche viendo la tele, dedico ese tiempo a trabajar en esas acciones palanca. Y los fines de semana les dedico todo mi tiempo libre.

Es duro, no te quiero engañar, porque muchos días no me apetece una mierda sentarme frente al PC a trabajar en mis cosas, cuando ya he estado 8 horas durante el día sentado frente al PC trabajando. Pero es la única forma de hacerlo.

Esforzarte y privarte de ciertas cosas a corto plazo, puede llegar a dar resultados enormes a largo plazo. Y ahí ando yo.

La mayoría de las personas vive casi exclusivamente en modo mantenimiento

Porque el mantenimiento es urgente, siempre hay correos que responder, tareas que resolver o pequeños problemas que arreglar.

Las acciones palanca, como ya hemos visto, son diferentes. Rara vez llegan en forma de urgencia.

Siempre requieren una decisión consciente por tu parte. Por eso es fácil pasar semanas, o meses, sin hacer ninguna.

Pero basta con que una de estas acciones se lleve a cabo para que la trayectoria empiece a cambiar.

No necesitas transformar tu vida en una semana, solo necesitas asegurarte de que tu vida no está funcionando exclusivamente en modo mantenimiento.

Esta semana te propongo una pregunta sencilla.

Una sola: “¿Qué acción podría mover mi vida hacia la dirección que realmente quiero?“

Puede ser una conversación, puede ser empezar algo que llevas demasiado tiempo posponiendo, puede ser tomar una decisión que simplifique lo demás, puede ser dar un paso que te da algo de miedo pero que sabes que realmente merecería la pena, etc.

No hace falta encontrar diez acciones palanca, con una basta.

Porque cuando una acción empuja tu dirección, todo empieza a moverse. Aunque el resto de tu vida siga funcionando con normalidad.

Quiero que te vayas con el pensamiento de que no hemos venido al mundo para vivir exclusivamente en modo mantenimiento.

Que esforzarse hoy, da frutos mañana.

Que la vida es algo tan valioso que no se puede cuantificar de ninguna manera y sería una pena que la consumieses sin sacarle todo el jugo que tiene.

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For many with ADHD, a simple "no" can feel like a world-ending nightmare. This is Rejection Sensitive Dysphoria (RSD), and it makes navigating daily life painfully hard.

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